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El cuaderno dorado - Doris Lessing (fragmento)

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Ayer, 17 de noviembre, murió Doris Lessing. La escritora británica, autora de más de 50 libros, entre ellos su célebre novela El cuaderno dorado, murió en su casa a los 94 años de edad.

Imagen de Doris Lessing - El cuaderno dorado
Doris Lessing ganó el Premio Nobel de Literatura en 2007. Muchos de sus escritos son autobiográficos y poseen un marcado corte “feminista”, aunque ella no estuviera de acuerdo con este calificativo. Su obra es bastante abarcadora y diversa, y llegó incluso a abordar la Ciencia Ficción.


Entre sus obras más conocidas figuran El cuaderno dorado, La buena terrorista y El quinto hijo.

A continuación, te dejo un fragmento de El cuaderno dorado como referencia, a ver si te atrapa y decides comprarlo:

El cuaderno dorado


MUJERES LIBRES 1

Anna se encuentra con su amiga Molly, un día del verano de 1957, después de una separación…
Las dos mujeres estaban solas en el piso londinense.
—El caso es que —dijo Anna al volver su amiga de hablar por teléfono en el recibidor—, el caso es que por lo visto todo se está desmoronando.
Molly era una mujer adicta al teléfono. Cuando éste empezó a llamar acababa de preguntar: «Bueno, ¿qué me cuentas?». Y ahora volvía diciendo:
—Es Richard, que viene. Al parecer hoy es el único día libre que va a tener en todo el mes. Por lo menos eso es lo que dice.
—Pues yo no me voy —dijo Anna.
—No, tú te quedas donde estás.
Molly examinó su aspecto: llevaba pantalones y un jersey, ambas prendas bastante usadas.
—Tendrá que aceptarme como me encuentre —concluyó, y se sentó junto a la ventana—. No ha querido decir qué ocurre… Será otra crisis con Marion, supongo.
—¿No te ha escrito? —preguntó Anna con cautela.
—Los dos, él y Marion, me han escrito cartas llenas de sencillez. Curioso, ¿verdad?
Este curioso, ¿verdad?, era como la contraseña que indicaba el tono confidencial de las conversaciones entre ellas dos. No obstante, después de haber dado la contraseña, Molly cambió el tono y añadió:
—Es inútil hablar ahora. Ha dicho que venía en seguida.
—Seguramente se marchará cuando vea que estoy yo —comentó Anna alegremente, aunque con cierto deje agresivo.
—Ah, y ¿por qué? —preguntó Molly, mirándola incisivamente.
Se había dado siempre por supuesto que Anna y Richard se desagradaban mutuamente; y, antes, Anna siempre se había marchado cuando Richard estaba por llegar. Aquel día Molly dijo:
—La verdad es que yo creo que le agradas bastante, en el fondo. Pero se ve obligado a estimarme a mí, por principio… ¡Es tan ridículo que las personas le gusten del todo o nada! Por eso, lo que no le agrada en mí te lo carga a ti.
—Encantada —replicó Anna—. Pero ¿sabes una cosa? Mientras estabas fuera he descubierto que para mucha gente tú y yo somos casi intercambiables.
—¿Ahora te das cuenta de eso? —inquirió Molly triunfalmente, como siempre que Anna descubría lo que para ella eran hechos evidentes.
Desde muy al principio, en la relación entre las dos mujeres se había llegado a un equilibrio: Molly poseía mucho más conocimiento del mundo que Anna, quien, por su parte, estaba dotada de un talento superior.
Anna tenía sus ideas propias. En aquella ocasión sonreía, reconociendo que había sido muy lenta.
—¡Y somos tan distintas en todo! —exclamó Molly—. Es curioso; supongo que es porque las dos llevamos el mismo tipo de vida…, sin estar casadas y todo eso. Es lo único que ven.
—Mujeres libres —dijo Anna con una mueca. Y añadió, con una furia desconocida para Molly, lo que le valió de nuevo una mirada escudriñadora de su amiga—: Todavía nos definen según nuestras relaciones con los hombres, incluso los mejores.
—Bueno, es lo que hacemos nosotras mismas, ¿no? —comentó Molly, mordaz—. En fin, es muy difícil evitarlo —añadió, rápidamente, a causa de la sorpresa con que Anna la miraba.
Se produjo una breve pausa en la que las dos mujeres no se miraron, sino que reflexionaron que un año sin verse era mucho tiempo, incluso para viejas amistades.
Molly, suspirando, dijo:
—¡Libres! ¿Sabes? Durante este tiempo que he estado fuera he pensado en nosotras dos, y he decidido que pertenecemos a un tipo de mujer completamente nuevo. Por fuerza, ¿no lo crees?
—No hay nada nuevo bajo el sol —repuso Anna, tratando de adoptar un acento alemán.
Molly, irritada (hablaba bien una docena de lenguas), repitió:
—No hay nada nuevo bajo el sol. […]
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